jueves, 2 de mayo de 2013

Los Caballos del Vino en Caravaca de la cruz (Murcia)




 La Fiesta de los Caballos del Vino en Caravaca de la Cruz (Murcia) es un festejo único, insólito y pasional.

El Festejo tiene lugar durante la mañana de cada 2 de Mayo, víspera de la fiesta de la Cruz, fecha en que Caravaca se convierte en la capital de la alegría, de la belleza y de la participación festera. Los caballos del Vino comienzan de madrugada con el lavado y enjaezamiento del caballo, en más de cuarenta lugares diferentes de la ciudad. Pocos espectadores, lo más vinculados a las peñas o familia, tienen el privilegio de asistir a la ceremonia.

Con las primeras luces matinales el grupo (formado por el caballo y cuatro caballistas), se dispone a reconocer las calles que pocas horas después constituirán el escenario del espectáculo. Veloces carreras y solemnes presencias comienzan a conseguir adeptos que ya no abandonarán a la peña en todo el discurrir del festejo.


El desfile de los Caballos del Vino comienza a las 8 de la mañana y parte de la Plaza Nueva y Plaza del Arco, donde previamente se han concentrado las peñas y los bandos Moro y cristiano que preceden a los múltiples caballos que toman parte en el mismo.

La Plaza se convierte en cuadra festera de honor, y el arco del Ayuntamiento en puerta grande de la Fiesta. Desde aquí, el desfile transcurre por la Gran Vía hasta la Glorieta y el Templete, siguiendo a cada caballo una Peña (grupo de amigos que trabajan durante todo el año para conseguir hacer el manto que luego lucirá el caballo) que se va nutriendo de espontáneos hasta convertirse el espectador en participante ordinario, que funde su fuerza física con el ritmo musical en una danza que se prolonga hasta el Bañadero, donde tiene lugar la Misa de Aparición (momento en que se rememora la Aparición Milagrosa de la Cruz).

Después de la misa comienza un recorrido circular que va por los barrios originarios de los caballos y sus jinetes, para pasar luego por la plaza del Ayuntamiento, la Gran Vía y retornar a la plaza del Bañadero. Más tarde, en la Glorieta se suman a la fiesta las bandas de moros y cristianos que hacen vibrar sus instrumentos, acompañados por las personalidades más importantes de la ciudad. Yendo por la calle principal cuesta arriba hacia el castillo, la procesión se detiene en el convento de Las Carmelitas para iniciar el baño del vino y la bendición de las flores, dos rituales antiguos de gran carga simbólica para la comunidad.

Mientras se está en plena práctica del baño del vino, los caballos que ya han sido bendecidos parten al comienzo de la subida del castillo. Allí esperan su turno y uno a uno van subiendo mientras el tiempo de los caballistas es cronometrado. Los caballos pasan veloces, como una ráfaga de viento, ante la multitud expectante. A la tarde, una vez que han llegado al castillo todos los competidores, las autoridades del evento inauguran la última fase de la carrera: el premio del enjaezamiento. Es el momento culminante donde los nervios se hacen sentir tanto entre los caballistas como entre el público. Luego de haberse declarado el ganador, el ambiente en la explanada del castillo se distiende y hasta se tiene la oportunidad de hablar con alguno de los competidores.

Los Caballos del Vino, junto a Moros y cristianos, forman las Fiestas de Caravaca de la Cruz que se celebran todos los años del 1 al 5 de Mayo en honor a la patrona de la localidad, la Sta. Y Vera Cruz de Caravaca.

La leyenda de los orígenes

La tradición popular y legendaria, pone el nacimiento del rito de la carrera y de la subida del vino en el siglo XIII, en plena frontera de la Caravaca cristiana y castellana frente al reino nazarí de Granada.

Hay un cerco de los musulmanes; la Orden Militar del Temple defiende a la población, que se refugia tras las murallas de la fortaleza. Se corrompen las aguas, produciéndose una epidemia.

Entonces, unos caballeros templarios burlan la vigilancia de los moros y, después de llenar unos pellejos de vino, burlan otra vez el cerco, introduciendo el vino en el cual bañaron la Reliquia de la Cruz y se lo dieron a beber a los enfermos, que sanaron. De aquí, se afirma, deriva la subida y la carrera posterior de los caballos.

En el primer tercio del siglo XIX, el festejo adquiere su estructura consolidada. El simple recorrido, casi procesional, de varios caballos en fila ocasionó la carrera, espoleados por los mozos que los conducían. La concurrencia de gentes en la cuesta aumentó para animar y aplaudir a los distintos caballos. El vino dejó de subirse en pellejos, pero permaneció la bendición y la carrera inseparablemente unidas al rito de la Cruz. El festejo ya había nacido.

La existencia de los Caballos del Vino está documentalmente probada desde hace tres siglos, confluyendo en este festejo una serie de elementos sociales, culturales, históricos, religiosos y tradicionales que superan el simple evento festivo y lo convierten en una manifestación antropológica reconocida como única en el mundo. A lo largo de su historia, han sufrido diversas vicisitudes, pero el festejo ha sabido subsistir a todas ellas, adaptándose a las circunstancias y manteniendo toda su pureza e integridad. La fiesta se ha transmitido de generación en generación sin normas escritas.

Cientos de miles de visitantes se reúnen en Caravaca de la Cruz para vivir en directo la mítica carrera de los Caballos del Vino en la mañana del 2 de mayo. Cuatro mozos recorren en pocos segundos, asidos al caballo, una distancia de 80 metros hasta alcanzar la explanada del Castillo, rememorando así el momento en que los templarios rompieron el cerco moro introduciendo en el recinto unos pellejos de vino para sanar a los enfermos prisioneros.

La carrera transcurre en menos de diez segundos, instantes intensos y desbocados protagonizados por cuatro hombres y el caballo que se abren paso entre una multitud de miles de personas.

Se trata de un espectáculo lleno de color y calor, en el que sólo alcanzan el éxito aquellos que completan la carrera sin soltarse del animal y realizando el menor tiempo entre las sesenta peñas caballistas participantes en el festejo.

Los Caballos del Vino van engalanados con ricas y costosas ropas bordadas a mano pacientemente con hilos de oro y plata, canutillo y pedrería, las cuales también compiten en originalidad en el Concurso de Enjaezamiento. Rostros de personajes conocidos de la ciudad quedan inmortalizados en las ropas de los caballos con un realismo asombroso

El 4 de noviembre de 2011 el Consejo de Gobierno de la Comunidad Autónoma de la Región de Murcia declara la fiesta de 'Los Caballos del Vino' de Caravaca de la Cruz como Bien de Interés Cultural con carácter etnográfico.

Los Caballos del Vino son candidatos a ser declarados Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO

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