domingo, 13 de enero de 2013

El románico erótico en España





Si hoy algunas de las atrevidas tallas que decoran portadas, capiteles, canecillos y ventanas de soberbios monumentos hubieran sido expuestas a los ojos de la opinión pública habrían sido calificadas de pornográficas y desvergonzantes, muchas de ellas incluso censuradas y mandadas retirar, pero nuestros antepasados de la Edad Media no tuvieron reparos en dejar para la posteridad estos atrevidos motivos en los templos románicos más sobresalientes.


Hombres itifálicos, mujeres en posturas lujuriosas (solteras y casadas, éstas últimas llevan toca), coitos anales y vaginales, felaciones, parejas abrazándose, mujeres pariendo, hombres y mujeres onanistas, falos erectos, monos itifálicos, animales copulando, exhibicionistas…




Los anónimos artistas que vivieron en el periodo más oscuro del Medievo, uno de los más represores de la historia, fueron muy habilidosos para regatear la estricta moral imperante y camuflar sus provocativas obras de arte. Y bien que lo consiguieron, ya que después de siglos talladas en piedra son capaces aún hoy de dejar con la boca abierta a quienes las admiran.


El hallazgo de estos provocadores detalles no es una casualidad, porque mirando con lupa, más de cincuenta edificaciones del sur de Cantabria y norte de Palencia conforman una ruta que sigue los pasos del románico más erótico. Todas ellos con la característica común de que las figuras que adornan estos pequeños templos mantienen posturas y gestos en los que el contenido sexual es evidente.



Dicen las hipótesis clásicas que esta singular muestra servía para aleccionar sobre lo pecaminoso de los placeres terrenales a los parroquianos de antaño, que al ser analfabetos leían en ellas como un libro, pero hay piensa que su única intención era reproducir unas conductas que resultaban mucho más habituales de lo que pudiera imaginarse.


Próxima a Reinosa y a las ruinas romanas de Julióbriga se halla la colegiata de San Pedro de Cervatos, uno de los iconos de la comarca fronteriza de Campoo-Los Valles. Erigida sobre un cenobio del siglo X en el estratégico paso entre Castilla y Cantabria, es probable que en ella trabajaran maestros canteros y escultores de Palencia, donde era habitual esculpir motivos eróticos. Y tanto se llegaron a empeñar éstos en su labor que ha hecho de este templo el más completo del país en la materia, gracias a la profusión de su repertorio.


Esculturas con este sesgo tan alejado de la religiosidad tradicional no faltan en el entorno de Cervatos, como en San Cipriano de Bolmir, San Juan de Villanueva de la Nía y San Martín de Sobrepenilla. Y más allá, a poco que se profundice, se descubren en el claustro de la colegiata de Santillana del Mar, en San Vicente de la Barquera, en San Román de Escalante, en Bárcena de Pie de Concha e incluso en el alejado valle de Liébana.


Más separados se localizan los templos palentinos que conformar esta ruta del arte erótico y que tienen como centro Aguilar de Campoo, la villa del estilo románico por excelencia. En la iglesia de San Juan Bautista de Moarves de Ojeda, Vallespinoso de Aguilar y Santa Eufemia de Cozollos sorprenden de forma inesperada estas procaces figurillas. Para los que quieran ir más allá, también hay otros ejemplos, como la magnífica iglesia de San Martín de Frómista, las de Revilla de Santullán, San Cebrián de Mudá, Matalbaniega y el monasterio de San Andrés de Arroyo. Cualquiera de ellas puede despertar la imaginación del que las contempla que, ya se sabe, siempre va a un paso por delante.


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