miércoles, 7 de noviembre de 2012

Las ruinas de Belchite



Belchite




Belchite (Zaragoza); un pueblo ubicado en el corazón de Aragón, conocido por su encarnizada batalla que vivió en el año 1937, en plena Guerra Civil Española. Como consecuencia de los enfrentamientos, el pueblo fue destruido. En lugar de su reconstrucción, el régimen de Francisco Franco decidió crear un pueblo nuevo al lado (hoy conocido como Belchite nuevo), dejando intactas las ruinas del anterior como recuerdo de la guerra civil y de lo que se consideraron excesos del bando vencido. El conjunto, hoy en día abandonado y en parte cerrado al paso de personas, se conoce como Pueblo Viejo de Belchite.



Historia

Edad media

Tras pertenecer hasta 1118 a la Taifa de Zaragoza, Belchite fue conquistada por Alfonso I de Aragón, el Batallador, en el contexto de las operaciones que conducirían a la conquista de la capital en diciembre de ese año. En 1119 el rey de Aragón concede al nuevo enclave aragonés un extraordinario fuero de frontera que permitía incluso a los malhechores repoblar el lugar, eximiéndoles de todas sus penas como medio de disponer de duros combatientes para una zona muy expuesta al peligro puesto que aún no había sido controlada totalmente por el Reino de Aragón. En 1122 el Batallador decide crear allí la que sería la primera orden militar a imitación de la Orden del Temple, que por esas fechas estaba en proceso de militarización, la Cofradía de Belchite. Su trayectoria no fue muy prolongada, posiblemente se subsumió en la posterior orden militar de Monreal y, en todo caso, tras la desastrosa derrota de Fraga, gran parte del territorio de la frontera sur del reino volvió a caer en manos de los almorávides. Alfonso VII de León acudió al socorro de estas órdenes pioneras y las refundió en 1136 en lo que denominó la Militia Caesaraugustana. En 1143, con las concesiones derivadas de la necesidad que tenía Ramón Berenguer IV de compensar a las órdenes de Tierra Santa por el incumplimiento del testamento de Alfonso I de Aragón, serían absorbidas por la Orden del Temple.

Edad contemporánea

En el pueblo se localizan dos batallas importantes de la historia de España: la Batalla de Belchite de 1809, desarrollada durante la Guerra de la Independencia Española, y la Batalla de Belchite de 1937, desarrollada durante la Guerra Civil Española.

Como consecuencia de la Guerra Civil española el pueblo quedó completamente arrasado, si bien hasta entonces llegó a ser una villa de cierta importancia, albergando hasta dos monasterios y varias iglesias. Franco decidió reconstruirlo justo al lado, dejando las ruinas del pueblo viejo de Belchite intactas como recuerdo de la contienda. Los encargados de la construcción del nuevo pueblo fueron principalmente prisioneros republicanos, para los cuales se habilitó un campo de concentración en las cercanías, cuyos restos aún se conservan, y que permaneció abierto desde 1940 hasta 1945, llegando a albergar a 1.000 prisioneros a cargo de la Dirección General de Regiones Devastadas. Los últimos habitantes del Belchite viejo abandonaron sus ruinas en 1964 para reasentarse en el Belchite Nuevo. Las ruinas, sin acondicionar para el turismo, son visitadas por más de 10.000 personas al año.

Lugares para visitar

Arco de la villa

Arco de la villa
 Posible entrada principal de la población, ya que de él parte directamente la calle Mayor, vía principal del casco urbano. Es el mejor conservado de todos los arcos similares que daban acceso al interior del municipio, habiendo recibido además una reciente restauración.

Aunque no se conserva documentación que feche con precisión el momento de su construcción, estilísticamente puede situarse dentro de la corriente barroco-mudejar del siglo XVIII, la cual mezcla características barrocas como frontones curvos o grandes óculos con características constructivas como el ladrillo.

 La puerta está dividida en dos cuerpos principales, con un primer piso formado por un arco de medio punto principal que forma la puerta, completado por cuatro arcos laterales sobre los que se levantan los muros y la bóveda del segundo piso.

Esta segunda planta alberga una capilla dedicada a la Virgen, la cual está cubierta por una cúpula sobre pechinas, las cuales originalmente estuvieron decoradas con pinturas. Exteriormente presenta dos fachadas, una hacia el exterior y la otra dominando el inicio de la calle Mayor, decorada con balcón y altorrelieves.

 Iglesia y convento de San Agustin

 Ubicado en la parte Norte del pueblo, junto a la plaza del mismo nombre. El convento perteneció a la orden de los Agustinos Ermitaños. Esta orden religiosa estuvo presente en Belchite probablemente desde el siglo XIII, siendo custodios de la ermita de la Virgen del Pueyo, lugar donde tuvieron un monasterio hasta 1597, momento en que se trasladaron a la villa.

Iglesia convento de san agustin
Allí continuaron hasta mitad del siglo XIX, cuando con motivo de la desamortización de Mendizabal abandonaron Belchite. A pesar de su marcha, la iglesia permaneció abierta al culto, siendo la segunda parroquia más importante del pueblo. Después de la Guerra Civil, a pesar de los daños sufridos, se convirtió en la única parroquia con culto hasta 1964, momento en que se trasladó por completo la población al pueblo nuevo, siguiendose el culto en la nueva iglesia de San Martín.

 A pesar de los daños sufridos por el tiempo y el abandono, el claustro fue derruido después de la guerra, la iglesia sigue conservando su monumentalidad. Esta, de planta de estilo jesuita, consta de una gran nave central de cuatro tramos, 40 metros de longitud por 16,30 de anchura, con crucero y ábside recto, con cuatro capillas laterales situadas entre contrafuertes por cada lado. Sobre estas capillas laterales corre una tribuna. El acceso cuenta con vestíbulo, sobre el que está situado el coro. En el lateral derecho del acceso se levanta la imponente torre campanario, de 32 metros de altura. La torre es de planta mixta, con los dos primeros cuerpos cuadrados y octogonal el tercero. El basamento es de sillares de piedra, mientras el resto está realizado en ladrillo como el resto del templo, con decoraciones geométricas en cuadrados, rombos y triángulos según los cuerpos.

La iglesia presenta una decoración interior de considerable valor artístico, con abundancia de relieves en estuco, cornisas, entablamentos, pilastras corintias, así como grupos escultóricos también en yeso.

 Convento de San Rafael

Ruinas
Ubicado en el lado sureste del pueblo, en la calle Enrique Naval, junto a la iglesia de San Martín, encajada entre las casas, sin contar con plaza propia. El convento perteneció a la orden religiosa de las Dominicas de San Rafael. Desde 1781, año de inauguración del convento, fue centro de enseñanza para niños pobres. El convento sufrió importantes daños durante la guerra civil, siendo sustituido por uno de nueva fundación en el pueblo nuevo.

 La iglesia tiene una planta centralizada de forma cuadrada, formada por tres naves de tres tramos, con un vestíbulo de acceso en los pies, sobre el que está el coro. El espacio central está cubierto por una gran cúpula sobre pechinas. Todo el conjunto esta construido en una técnica mixta, usando machones de ladrillo con cerramientos de mamposteria careada. El conjunto de iglesia y convento es un ejemplo de transición entre la tradición arquitectónica y la decoración barroca y los nuevos gustos Neoclásicos del siglo XVIII.

 Iglesia de San Juan

Popularmente conocida como “Torre del Reloj”, está situada en el centro del pueblo, junto a la plaza vieja.

A juzgar por los pocos datos con los que se cuenta, su construcción debe datarse en un momento anterior al siglo XVI, teniendo muy probablemente un origen mudejar. A mitad del siglo XVIII contaba con un reloj público para información general de los vecinos (modelo habitual en Aragón desde el siglo XVI) en la parte alta de la torre. Poco después debió de desacralizarse, ya que hay constancia de su uso como café y teatro. En la actualidad quedan escasos restos, tan solo un muro lateral y la torre, restaurada.

 Iglesia de San Martin de Tous

Iglesia de San Martin de Tous
Ubicada en el lado Sur de la villa, fue la parroquia principal del pueblo.

 Posiblemente su construcción inicial date de la primera mitad del siglo XIV, en estilo gótico-mudejar, habiendo sufrido constantes ampliaciones y reformas posteriores hasta el siglo XIX. originalmente la iglesia era de nave única, con ábside poligonal y torre casi exenta a los pies. La primera de las ampliaciones se realizó en el siglo XVI, con la construcción de una nave lateral derecha, capillas entre los contrafuerte del lado izquierdo y un nuevo tramo a los pies. En el siglo XVII se levantó una capilla barroca junto al primer tramo de la nave lateral. En el siglo XVIII se construyó la portada de la fachada principal que se puede ver actualmente. La torre, de grandes dimensiones, es de planta cuadrada, con una estructura similar a la de los alminares musulmanes.

Levantada sobre un basamento de sillares de piedra, el resto del cuerpo es de ladrillo, con un último cuerpo de campanario y un remate piramidal. Todo el cuerpo principal presenta una decoración geométrica en ladrillo resaltado sobre fondo rehundido.

El interior disfrutaba de una profusa y rica decoración en yeserias y elementos escultóricos.


Batallas de Belchite

 Belchite 1809

Al saber Suchet en Zaragoza que el ejército español, a pesar de la derrota sufrida en María (15 de junio) había permanecido todo el día 16 en Botorrita, a sólo una legua del campo de batalla, no habiendo dado resultado alguna la persecución que encargó al general Laval, salió él en persona en su seguimiento, llegando el 17 a Puebla de Albortón y el 18 se encontraron de nuevo ambos ejércitos en Belchite. El español se componía de 11 ó 12.000 hombres, completamente desmoralizados por la desgracia anterior y por las penalidades y privaciones que experimentaron después de la derrota; el francés, muy superior en número, envalentonado y orgulloso con su reciente triunfo.

Situó Blake su derecha en el cerro del Calvario, alargando su línea por el borde de la meseta, y la escasa caballería con que contaba se apostó delante, en el llano, para observar a los franceses por el camino de Zaragoza; el centro, en la misma villa de Belchite, apoyado en el convento de Santa Bárbara, situado en una altura que la domina, y la izquierda, formada en varias líneas, se corría por las estribaciones inmediatas en dirección a la ermita del Pueyo, demasiado distante para poder ser ocupada sin debilitar la línea en el centro. Los olivares que había al frente se guarnecieron con grupos de tiradores para tener alejados a los franceses a su aproximación.

Belchite
Estos aparecieron por las alturas de la Puebla de Albortón, donde desde luego muestras de dirigir el ataque principal contra nuestra izquierda, que a pesar de estar tan reforzada, era realmente la parte más débil, mientras el general Habert amagaba desde lejos la derecha y otras tropas hacían una demostración sobre el centro escaramuceando con los tiradores apostados en los olivares. Las fuerzas de la izquierda no trataron tan siquiera de resistir al enemigo cuando la división del general Musnier amenazó su flanco, y buscaron el apoyo del centro, agrupándose alrededor de Santa Bárbara y de Belchite, en formación bastante defectuosa y alterando profundamente el primitivo orden de batalla. Contestaron, no obstante, los nuestros con serenidad y calma al fuego de sus adversarios, cuya audacia subió de punto al ver el repliegue desordenado de la izquierda; y aun cuando el combate no había empezado con mucha fortuna para los españoles, parecía, sin embargo, que estaban animados del mejor espíritu y dispuestos a pelear dignamente sosteniendo el honor de las armas; mas, por desgracia, una granada enemiga produjo el incendio de algunos carros de municiones que volaron con horrible estruendo, llenando de pavura a las bisoñas tropas más cercanas. Estas huyeron en desorden, perdieron otras la serenidad, cundió el miendo y muy pronto a la dispersión y fuga de las del centro siguió la huida de las de la derecha, presas todas de un terror pánico, atropellados y arrastrados por los fugitivos muchos valientes jefes y oficiales que quisieron remediar aquella espantosa confusión. Sólo quedaron en el campo de batalla, tan ignominiosa y cobardemente abandonado, los generales Blake, Lazán y Roca y contados oficiales, los cuales tuvieron también que retirarse mal de su grado, tristes y avergonzados, camino de Alcañiz, hasta donde avanzó Suchet el mismo día 18. Las bajas en muertos, heridos y prisioneros fueron muy pocas en esta mal llamada batalla; pero cayeron en poder de los imperiales la artillería (9 piezas), crecido número de fusiles, municiones y todos los bagajes, quedando completamente disuelto el ejército de Blake, pues los restos de la división aragonesa de Lazán se metieron en Tortosa y los de la valenciana en Morella y San Mateo. Suchet, dueño ya de casi todo el reino de Aragón, dejó en su raya algunas fuerzas en observación de los vencidos.

Belchite 1937

Imagen tras la contienda
Se inició el 24 de agosto de 1937 a iniciativa del ejército frentepopulista, que, como en Brunete, perseguía el propósito de distraer las fuerzas enemigas operantes en el frente del Norte, que amenazaba seriamente Santander. El objetivo de esta ofensiva era el ataque y subsiguiente ocupación de Zaragoza, que desde el comienzo de la contienda estaba en poder de los nacionales. El mando supremo de la operación se encomendó al general Pozas, jefe del Ejército del Este, y el de la acción principal al V Cuerpo de Ejército cuyo jefe era Juan Modesto Guilloto, al que prestaron apoyo algunas unidades del XII. En los primeros momentos, la ofensiva hizo concebir al mando rojo grandes esperanzas respecto al resultado de la operación, pero pronto se vio frenada por la fuerte resistencia que opusieron los nacionales. Al día siguiente las tropas gubernamentales ocupaban Mediana y Fuentes de Ebro, situándose a unos 25 km. de Zaragoza. La operación no constituyó ningún éxito para los republicanos, pues Franco, con la experiencia de Brunete, no distrajo fuerzas del Norte, que es lo que les interesaba a los rojos, sino que las llevó de Madrid, al mando de Barrón y de Sáenz de Buruaga. La República contaba con 80.000 hombres, cien tanques y unos 200 aviones. Las localidades de Quinto y Codo, situadas al norte de Belchite, fueron las primeras en caer. Pero la tenacidad de las guarniciones nacionales, pese a contar con escasa cobertura aérea, sorprendió a los atacantes, que disponían de las mejores tropas del Ejército Rojo y también de muchos destacados militares extranjeros y rusos. Cuando lograron entrar en Codo, que había sido defendida por unos 300 requetés contra 2.000 soldados frentepopulistas, se encontraron con el siguiente lema grabado en las paredes del pueblo: “Cada rojo que matéis, un año menos de purgatorio”. Belchite, cuya población en 1935 era de 3.812 habitantes, sufrió un implacable cerco a cargo de una Brigada de la División de “Walter” y dos de la 35, quedando al frente de todas el jefe de la 25, García Vivancos. El primer ataque tuvo lugar el 29 de agosto de 1937, perdiendo los defensores la ermita de El Pueyo. Al día siguiente los asaltantes ocupan el vértice Voladico y el cementerio. Hacía un calor aplastante y a los sitiados se les cortó el suministro de agua, a la vez que les faltaban víveres, municiones y material sanitario. En las últimas horas del 1 de septiembre los invasores penetran en el casco urbano y el 2 se extienden por entre las ruinas, luchándose dramáticamente en la calle Mayor. No hay tiempo de enterrar los cadáveres, con lo que el olor es insoportable. Se combate casa por casa y las piezas de artillería disparan “a cero”. El día 4, ya perdido prácticamente Belchite, los nacionales se refugian en la iglesia, donde instalan cuatro ametralladoras. Los hombres de “Walter” provocan incendios e inician trabajos para volar los edificios que aún resisten. El alcalde Andrés Treyuelo, antes de morir entre las ruinas, envió el siguiente mensaje: “Los españoles de aquí no tenemos prisa. Si antes que lleguéis llega la muerte, ¡bienvenida sea! Pero de ninguna forma queremos que por salvarnos se arriesgue nuestro Ejército o se varíen los planes del mando. Resistiremos hasta morir”. A las ocho y cuarto de la noche del 5 al 6 se trata de romper el cerco por primera vez; a la cuarta intentona -once de la noche-, un reducido grupo de oficiales, soldados y paisanos consigue cruzar las líneas entre luchas indescriptibles. Desde el cuartel del V Cuerpo de Ejército, del general Miguel Ponte y Manso de Zúñiga, se supo puntualmente la gesta de Belchite. A su lado, Codo, Quinto, Mediana, Fuentes de Ebro y otros puntos, permitieron que Zaragoza se salvase.

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