lunes, 24 de septiembre de 2012

Orbaneja del Castillo y su fantástico manantial


Un pequeño pueblo llama la atención en medio del espectacular Cañón del Ebro, por su arquitectura y por su naturaleza, en un primer golpe de vista. Pero al adentrarse entre sus empinadas calles ya encandila y agarra al viajero para no devolverlo, para quedárselo o, al menos, intentarlo. Sus brazos son tan fuertes como los argumentos para visitarlo.

 En Burgos, muy cerca del límite con Cantabria se encuentra Orbaneja del Castillo, perteneciente al Ayuntamiento de Valle de Sedano. Pocos habitantes durante el invierno y una afluencia que duplica la población durante el verano, aquí la vida es tranquila y diferente, a caballo entre las costumbres castellanas y cántabras. La perfecta escapada de fin de semana para los que disfruten de la gastronomía, la naturaleza y la singularidad.

Historia

 En Orbaneja del Castillo convivieron mozárabes venidos de Al-Ándalus, cristianos y judíos. Era un pueblo con aljama, de la que queda el recuerdo en los nombres de sus calles.

 Los Templarios levantaron el Hospital de San Albín, ya que por el pueblo pasa una de las rutas jacobeas.

 Los Reyes Católicos le concedieron el título de villa pero no aportaron nada.

 "Lugar" que formaba parte, del Partido de Burgos , uno de de los catorce que formaban la Intendencia de Burgos, en su categoría de "pueblos solos" , durante el periodo comprendio entre 1785 y 1833, en el Censo de Floridablanca de 1787 , jurisdicción de señorío con alcalde pedáneo.

 Antiguo municipio de Castilla la Vieja en el Partido de Sedano código INE-09240 que en el Censo de 1842 contaba con 34 hogares y 138 vecinos.

 Entre el Censo de 1857 y el anterior, crece el término del municipio porque incorpora a 095161 Turzo.

 Entre el Censo de 1981 y el anterior, este municipio desaparece porque se agrupa en el municipio 09905 Valle de Sedano, contaba entonces con una extensión superficial de 3.371 h

La gastronomía

 Aquí las raciones son generosas y la comida es casera. Todo el sabor de un valle y un lugar que se presenta abundatemente a los viajeros. Un plato humeante sumerge al viajero en el ambiente hogareño; los platos, en invierno y en verano, combinan los productos de la tierra con sus famosas carnes. Las croquetas tradicionales, pucheros de alubias pintas, sopa de ajo, espárragos, pero sobre todo las carnes a la piedra, como el chuletón o el cordero en salsa.

 ¿Dónde? En la plaza de Orbaneja se concentran varios locales donde degustar la comida típica así como en el resaturante El Risco, que aúna la comodidad moderna con el ambiente rural y familiar de antaño.ectáreas, 45 hogares y 68 vecinos.

La Naturaleza

 La configuración del paisaje ha obligado a Orbaneja a su singular disposición, cuyas construcciones aparecen de alguna manera “colgadas” en el Cañón del Ebro. No sólo se alegran los ojos, sino que también los oídos tienen su deleite en el interior de la villa.El discurrir de las aguas protagoniza la vida del pueblo y su desarrollo natural.

 Dentro de Orbaneja se encuentra el salto de agua, la cascada, y su rumor constante recuerda al viajero, por si lo olvida abstraído en el “buen yantar” que aquí la Naturaleza está siempre presente. Por otro lado, las aguas subterráneas que llegan desde Bricia han ido configurando la Cueva del Agua de Orbaneja, la cual se puede visitar con un guía.

La Arquitectura

 Las características propias de las construcciones de Orbaneja del Castillo le han permitido entroncarse con la tradicional arquitectura de montaña típica del territorio cántabro. En sus orígenes, las construcciones circulares o cuadradas de piedra servían como graneros y refugios del clima de la región.

 Pero con el tiempo fueron cambiando de tipo y de funciones, con lo que han quedado edificios de especial interés como la Casa de los Canes, la Casa de los Pobres (antiguo hospital que databa del siglo XV) y la Casa Fuerte, cuya titularidad histórica se le atribuye a los marqueses de Aguilar.

Como llegar

Desde Burgos: alcanzar la carretera nacional N-623 hasta el desvío hacia la izquierda de Horca Menor y Orbaneja del Castillo, tras recorer unos 68 kilómetros de distancia. También se puede seguir la misma carretera hasta el desvío de Escalona del Prado, antes del anterior, donde alcanzamos la BU-643 hasta Orbaneja, siguiendo el curso del río.

 Desde Santander: tomar la Autovía 67 hasta el desvío de Torrelavega, donde alcanzamos la N-634 o A-8 dirección Bilbao-Palencia. En la salida 223 encontramos y tomamos la N-623 hacia Burgos, a lo largo de unos 63 kilómetros, tras los cuales encontramos el desvío a la derecha hacia Orbaneja. El recorrido total es de unos 98 kilómetros.

Turismo

Zona Turistíca: Las Loras

 Patrimonio Geológico: Puntos de Interés Geológico.

 * Denominación: Cañón del Ebro. Orbaneja del Castillo

 * Paraje: La Lora

 * Contenido: Cerca de la subida a la Lora, el río Ebro, pasada su unión con el río Rudrón, da lugar a uno de los más bellos desfiladeros del cañon del Ebro.

 - El pueblo se recorre pronto y durante el invierno viven en él muy pocas personas. En ningún momento el visitante puede abstraerse del ruido que provoca la cascada que nace en el mismo centro de la localidad y que es protagonista indiscutible de la estructura urbana. Sus cristalinas aguas brotan en la base de la Cueva del Agua, caverna que se abre en el cantil rocoso que preside el pueblo y que lo divide en dos partes: Villa y Puebla, condicionando por completo la vida de sus gentes. Por esta cueva, que forma parte del interesante complejo kárstico de Orbaneja, tienen su salida natural las aguas subterráneas provenientes de un enorme acuífero situado en el subsuelo del páramo de Bricia. El caudal de esta surgencia, de carácter permanente a lo largo del año, aumenta considerablemente en época de fuertes lluvias y deshielo, de tal manera que el recorrido de las aguas saltando desde los distintos niveles de terraza de toba, formados y recrecidos gracias a ellas, es un espectáculo único e indescriptible, sobre todo en primavera. En la actualidad, la cueva se visita con un guía y se puede caminar un buen trecho dentro de la misma. A pesar de que no lleva agua, se puede escuchar cómo el ruido del agua cercana retumba en las paredes. Antiguamente este caudal sirvió para mover las piedras de unos cinco molinos harineros distribuidos a la vera de la cueva, de los que todavía hoy se conservan restos. Sus aguas se precipitan unos 20 metros hacia el Ebro deshaciéndose en espuma sobre una poza de aguas cristalinas.

 En este singular paraje se encuentra uno de los conjuntos de arquitectura popular mejor conservados y con mayor encanto de toda Castilla y León. Las casas son de evidente traza montañesa, como no podía ser de otro modo dada la proximidad geográfica de Cantabria. Las casas no son de mucha altura, pero su aspecto exterior se estiliza con las elegantes solanas de madera que se asoman a las viejas y estrechas calles del pueblo. Tan apiñadas están las casas, que parece que los balcones estuvieran suspendidos en el aire. El pueblo, en permanente cuesta, se ha edificado sobre unas cuantas terrazas estrechas de piedra toba. La abundancia de este material, singulariza la propia arquitectura popular, al ser utilizado profusamente en la edificación. Mientras el primer cuerpo de los edificios está construido en mampostería caliza, buscando un mejor aislamiento de la humedad, los pisos superiores presentan un aspecto más uniforme y cuidado debido a la utilización de la piedra toba, en forma de sillares. La porosidad y ligereza de esta piedra, junto a su facilidad para ser trabajada, la convierten en un material muy apropiado tanto para la construcción de muros como para el relleno de entramados de madera.

 La estrechez del valle no deja lugar al terrazgo. Tan sólo algunas pequeñas huertas se sitúan a la vera del Ebro. Tradicionalmente, los campos de cultivo se han localizado en un nivel superior al pueblo. Concretamente en la paramera circundante, único espacio abierto y llano susceptible de ser labrado a pesar de las limitaciones climáticas y edáficas. El lugar, conocido como las eras de Orbaneja del Castillo, cuenta con una serie de chozas de piedra. Estas construcciones, de planta circular o cuadrada, construidas en mampostería caliza y con falsas cubiertas abovedadas, constituyen uno de los más interesantes conjuntos de arquitectura popular de la provincia burgalesa. Servían de granero y lugar de abrigo en el que poder resguardarse, en caso de tormenta. Dentro del núcleo, el espacio de mayor amplitud corresponde a la boca de la Cueva del Agua, por lo que, desde sus orígenes, el manantial ha ocupado en Orbaneja un lugar central y protagonista. Sobre un espigón rocoso, al pie de la fuente, se sitúa una casa fuerte que pudo pertenecer a los marqueses de Aguilar. Otros edificios singulares son la Casa de los Canes y la Casa de los Pobres. La primera recibe este nombre por haber reutilizado canecillos románicos en su decoración. La Casa de los Pobres, antiguo hospital en el siglo XVI, cuenta con soportal de madera y un elegante entramado de piedra toba. En cuanto a su organización interna, es uno de los ejemplos más primitivos de la comarca. Consta de una planta baja con cuadras y la superior con un amplio espacio de cocina sin campana, recocina y estancias de habitación. Desde la original plaza, compartimentada por el cauce del manantial, se puede ascender por un empinado camino hasta alcanzar una cornisa

 natural desde la que admirar el grandioso paisaje del cañón del Ebro. Frente al apiñado caserío, la margen derecha del río aparece coronada por un descomunal conjunto de estructuras calcáreas naturales que, desde la lejanía, asemejan ruinas. Es uno de los ejemplos más espectaculares de modelado kárstico dentro del cañón. Efectivamente, el relieve ruiniforme resultante evoca formas fantásticas, que asemejan ruinas, retazos de un castillo inexistente que el imaginario colectivo ha perpetuado en el topónimo del pueblo.

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