domingo, 2 de septiembre de 2012

Bolonia, Tarifa. Rumor de olas


Bolonia es una pedanía del término municipal de Tarifa. La franja costera de Bolonia tiene una longitud de unos 3.800 metros, extendiéndose desde el oeste por el Cabo Camarinal hasta Punta Paloma. Se trata de una pedanía situada paralela a su playa. Playa virgen en algunas de sus zonas, de indescriptible belleza y a su vez repleta historia y cultura, dicen que de las playas mas bonitas de Europa y sin duda alguna una de las más famosas de España. Debido a su gran fama, la playa de Bolonia presenta desde hace bastantes años una ocupación muy alta en los meses de verano, aunque ahora hablaremos de algunas de sus zonas menos frecuentadas y a su vez mas aisladas y tranquilas.

Su zona oeste es conocida como el Ancón, se trata de una bonita ensenada de agua cristalina rodeada de rocas, en esta zona se encuentra la famosa Duna de Bolonia, monumento natural declarado en 2001 y de gran importancia ecológica. Para llegar a ella habrá que dejar el coche en la zona de restaurantes cercana al conjunto arqueológico y continuar a pie por la playa, esta zona invita a sumergirse en una tranquilidad y armonía absolutas. A mi parecer el conjunto formado por la Duna, el espigón de rocas de punta Camarinal, el mar azul de agua totalmente cristalina y la costa africana al fondo en los días de poniente son unas de las visuales más impresionantes que pueda ofrecer la península.



Su zona más central es la más transitada, ya que es la de más fácil acceso, pudiendo dejar el coche y acceder a la playa en unos pocos metros. Esta parte podemos calificarla como semiurbana, ya que encontramos algunos apartamentos y bastantes restaurantes y chiringuitos situados a pie de playa. En esta zona encontramos el famosísimo conjunto arqueológico de Baelo Claudia, ciudad romana del siglo II a.C. Esta ciudad Romana estuvo ligada sobre todo al comercio con el norte de África. La pesca, la industria de salazón y el Garum (salsa derivada del mismo) fueron las principales fuentes de riqueza. En el yacimiento se conservan los elementos más representativos que constituían la esencia de una ciudad romana.

El Chorrito se encuentra en la zona más oriental. Para llegar a ella, habrá que aparcar el coche justo al final de la calle que va paralela a la costa y caminar unos cuantos kilómetros a pie por la playa dirección a Tarifa. Al igual que en el Ancón, su difícil acceso vuelve a jugar un papel a favor de todos aquellos que busquen una fusión de paz y armonía, huyendo de la masificación que presentan las playas urbanas repletas de servicios. En esta zona se encuentran los famosos chorritos de agua natural que junto con la roca de pizarra forma un barro terapéutico con el que la gente suele embadurnarse el cuerpo. Destacamos también en esta zona las famosas Piscinas, que como su propio nombre indica se trata de un conjunto de piscinas naturales formadas por el agua del mar que queda en las rocas al bajar la marea.

La duna de Bolonia

Esta duna, con más de 30 metros de altura y 200 de anchura, resalta dentro del vasto sistema dunar al que pertenece. Situado en la ensenada de Bolonia, dentro del Parque Natural del Estrecho, es una de las zonas menos transformadas y urbanizadas de la costa gaditana, albergando importantes valores naturales y paisajísticos.

El conjunto, llamado barjanal por sus dunas en media luna perpendiculares al viento y con pendientes desiguales, es de los pocos transgresivos de Andalucía, es decir, de los pocos que siguen avanzando tierra adentro. Alimentada por el viento de levante, avanza hacia el pinar de pino piñonero repoblado con matorral y de alto valor ecológico.

Aunque parte de las arenas de Bolonia están cubiertas por especies exóticas para evitar su avance, los acantilados azotados por el levante presentan vegetación original como el enebro costero andaluz, la sabina rastrera y la camarina, dando ésta última nombre al cercano faro. En otro cordón dunar del interior de la playa, aún embrionario, ponen color los cardos marítimos, azucenas y alhelíes de mar, que, junto al junquillo, crecen en las zonas menos castigadas por el viento. En las zonas más expuestas sólo crecen el barrón, gramas marinas y lotos. Desde el sendero Bolonia-Faro Camarinal se divisa la amplia playa de arena fina y dorada, poco transformada y frecuentada por surfistas, el faro con sus marmitas de gigante y el conjunto arqueológico Baelo Claudia. Declarado Monumento Histórico Nacional, esta ciudad-factoría romana sorprende por su estado de conservación. Fue importante en la época por sus conservas y salazones, origen de la salsa Garum exportada al imperio. Saqueada por invasores germánicos y árabes, finalmente un terremoto la destruyó.

Ciudad Romana de Baelo Claudia

La antigua ciudad romana de Baelo Claudia está situada en la Ensenada de Bolonia, en la pedanía tarifeña de Bolonia a unos 22 km al noroeste de la ciudad de Tarifa, en la provincia de Cádiz (España) dentro del actual Parque Natural del Estrecho. El estudio de sus restos arquitectónicos muestra su origen romano a finales del siglo II a. C., observándose ya desde esa época una gran riqueza que la convierte en un centro económico importante dentro del área del Mediterráneo.

Historia

La ciudad nace a finales del siglo II a. C. sobre un asentamiento fenicio-púnico más antiguo (Bailo, Baelokun), y su existencia está muy relacionada con el comercio con el norte de África. Es posible que Baelo Claudia tuviera algunas funciones de centro administrativo, pero la pesca, la industria de salazón y el Garum fueron las principales fuentes de riqueza. El emperador romano Claudio le concedió el rango de municipium.

 La vida de estas poblaciones alcanzó pleno esplendor entre los siglos I a. C. y II d. C., iniciándose su decadencia a partir de segunda mitad del siglo II, cuando un gran maremoto arrasó gran parte de la ciudad. A sus desastrosos efectos se sumaron la crisis del siglo III y las incursiones de hordas de piratas, fundamentalmente mauritanos y germanos. Aunque experimentó un ligero rebrote en el siglo III, la ciudad fue abandonada definitivamente en el siglo VII.

 Era esta una ciudad portuaria dedicada principalmente a la pesca y a la salazón de atunes, así como a la producción de "Garum". Estas actividades tenían lugar durante los meses de verano y atraían a la ciudad a numerosos trabajadores temporeros, hecho que determina en parte las características de algunos de sus edificios.

 Desde finales del siglo I d.C. su prosperidad viene paulatinamente a menos coincidiendo con la crisis en la producción de sus fábricas, las invasiones del Norte de África (siglo II d.C.), los saqueos de las hordas germánicas (siglo III d.C.) y sobre todo, un movimiento sísmico que arruina los edificios levantados durante la época imperial; factor que acelera el proceso de abandono que ya venía sufriendo la ciudad, y a pesar de lo cual sus relaciones comerciales logran mantenerse hasta el siglo V d.C.

 El yacimiento arqueológico

 En su trazado urbano se distinguen las dos vías principales clásicas de la ciudad romana: el Decumanus maximus, que la recorría de Este a Oeste y en cuyos extremos se situaban las puertas de entrada a la ciudad, y el Cardo maximus, que la cruza en ángulo recto y por tanto en dirección Norte a Sur.

 En el encuentro de estas dos calles principales se situaba el foro o plaza principal, cuyo pavimento actual es el original de losas de Tarifa conservado desde el siglo I, y a cuyo alrededor se distribuían los principales edificios públicos. Era esta una plaza descubierta con pórticos en tres de sus lados, desde uno de los cuales se accedía a tres de ellos: el templo del emperador, la curia, y otro que servía de sala de reuniones. El edificio principal, situado al fondo es la basílica, destinado a diversos fines y especialmente a sede de los tribunales de justicia; y en el lado izquierdo del existían unas pequeñas construcciones rectangulares hechas con piedras: las tiendas o tabernas.

En el yacimiento se conservan los elementos más representativos que constituían la esencia de una ciudad romana:

n   una cerca o muralla, reforzada con más de cuarenta torres de vigía, de las que se conservan las puertas principales de la ciudad, la que se dirigía a Gades, al oeste, y la que se dirigía a Carteia (. Hacia el Este, exístía una tercera puerta situada al norte de la ciudad, denominada Puerta de Asido.

n   edificios de carácter administrativo como la curia o el archivo municipal,

n   una plaza pública,

n   un palacio de justicia, situado en el foro frente a los templos, tiene planta rectangular y mide 19,5 por 35,5 metros, estaba presidida por una estatua del emperador Trajano de más de tres metros de altura.

n  cuatro templos: Tres dedicados a cada uno de los componentes de la Tríada capitolina (Júpiter, Juno y Minerva) y uno dedicado a la diosa egipcia Isis, relacionado al culto isíaco en la península, descubierto recientemente por un grupo de arqueólogos del histdeutsch. Una disposición similar sólo ha sido hallada en la ciudad de Sbeitla en Túnez.

n  El mayor edificio de Baelo Claudia es el Teatro, con aforo de hasta 2000 personas, donde todos los actores eran hombres, incluso en los papeles de mujeres, que para interpretar se colocaban máscaras, según fuese el personaje que representaban.

n  También pueden verse restos de las tiendas (tabernae); el mercado (macellum), recinto cerrado destinado a la venta de carne y comestible en general y formado por catorce tiendas y un patio interior las termas (termae) y el teatro.

Reloj de sol
 El abastecimiento de agua de la ciudad se realizaba por medio de tres acueductos. También puede apreciarse la zona industrial con restos de las instalaciones para la fabricación del garum, calles, acueductos, restos del sistema de alcantarillado, etc. En ningún otro yacimiento romano de la Península Ibérica es posible extraer tras la visita una visión tan completa del urbanismo romano como en Baelo Claudia. En esto radica su principal interés, destacado también por el espectacular paisaje que rodea a la ciudad.

 Bien de Interés Cultural, su publicación como Monumento apareció en La Gaceta de Madrid, en el año 1925. El conjunto arqueológico está acompañado desde 2007 de un museo, incorporado en la Sede Institucional y Centro de Visitantes del Conjunto Arqueológico de Baelo Claudia, obra del arquitecto Guillermo Vázquez Consuegra.

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