viernes, 31 de agosto de 2012

Tomatina de Buñol


La Tomatina es una fiesta que se celebra en el municipio valenciano de Buñol, en la que los participantes se arrojan tomates los unos a los otros. Se celebra el último miércoles del mes de agosto, enclavada dentro de la semana de fiestas de Buñol.



En torno a las 10 horas comienza el primer evento de la Tomatina. Es el "palo jabón", similar a la cucaña, que consiste en subir un a poste engrasado con un jamón en la parte superior. Mientras esto sucede, el grupo trabaja en un frenesí de cantar y bailar mientras se duchan con mangueras. Una vez que alguien es capaz de soltar el jamón del palo, se da la señal de inicio. La señal para el comienzo se da a eso de las 11, cuando suena la carcasa, y comienza el caos. Varios camiones lanzan los tomates en abundancia en la Plaza del Pueblo. Los tomates proceden de Xilxes Castellón, donde son menos costosos y se cultivan específicamente para estas fiestas, ya que no son de buen gusto para el consumo.1 Para los participantes se recomienda el uso de gafas protectoras y guantes. Los tomates deben ser aplastados antes de ser lanzados para que no dañen a nadie. Después de exactamente una hora, la lucha termina al disparo de la segunda carcasa anunciando el final. Toda la plaza queda teñida de rojo y se forman ríos de jugo de tomate. El proceso de limpieza de las calles lo realizan camiones de bomberos. Los participantes aprovechan las mangueras que les ceden los vecinos para quitarse el tomate pegado al cuerpo. Algunos se acercan al charco de “los peñones” para lavarse. Tras la limpieza, las calles del pueblo, que son de adoquín, quedan impolutas debido a la acidez del tomate que desinfecta y limpia a fondo todas las superficies.

Historia

Todo comenzó en 1945, cuando un grupo de jóvenes que se había metido en una pelea cogió tomate de un puesto de verduras próximo y comenzó a lanzarlo contra los que suponía enemigos. Al poco acudieron las fuerzas del orden público deteniendo a los alborotadores y en consecuencia poniendo fin a la batalla. Al año siguiente y al llegar el mismo miércoles del mes de agosto los jóvenes del pueblo volvieron a reunirse en la plaza llevando ellos los tomates. De nuevo intervinieron las fuerzas del orden público para poner freno a lo que popularmente, y en los años siguientes, se iría conociendo como “tomatina”, que pese a la oposición de las autoridades se seguiría celebrando de uno u otro modo.

A principio de los 50 el Ayuntamiento de Buñol prohibió la celebración de la fiesta, que no frenó a algunos participantes y que por tanto fueron detenidos y llevados a la cárcel del pueblo. Sin embargo, todos los vecinos se volcaron con ellos por lo que fueron puestos rápidamente en libertad. El pueblo pedía que la fiesta se permitiese y fue tal su clamor que las autoridades definitivamente la consintieron.

Cada vez acudía más gente a la fiesta, con los bolsillos cargados de tomates, dispuestos y tirarse agua, a meterse en las fuentes y por supuesto iniciar la batalla que muchas veces terminaba por afectar a los que simplemente miraban. En alguna ocasión fue “atacado” alguna personalidad relevante. Eso provocó que de nuevo se prohibiese la fiesta con la amenaza de sanciones e incluso con penas de prisión para quienes participaran en ella.

En 1957 se hizo una gran manifestación en clave de humor denominada “el entierro del tomate”, reivindicando la autorización de la fiesta.

En 1959 el Ayuntamiento permitió de nuevo la celebración, pero bajo ciertas normas.

Entre los cambios apareció el “palo jabón”, cucaña que se celebra una hora antes del comienzo de la tomatina, comienzo que sería anunciado, a partir de ese momento, con una carcasa.

En 1975 la fiesta pasará a ser organizada por los Clavarios de San Luís Bertrán, el patrón del pueblo de Buñol, quienes se encargarán de aportar los tomates que hasta ese momento cada buñolense traía de su propia casa.

En 1980 será el Ayuntamiento quien se haga cargo de la organización y fomento de la fiesta. Los tomates empezarían a contarse en toneladas y número de camiones y los participantes, venidos de todas las partes del planeta se contarán en miles.

Hoy podemos disfrutar de la tomatina gracias a unos valientes que en su día lucharon por la fiesta, y que han permitido a personas de todo el mundo experimentar la sensación de estar en medio de la mayor guerra de tomates del mundo, la tomatina.

Vive la fiesta

La tomatina tiene varias fases y cada una encierra una chispa de encanto que en suma da como resultado una celebración inolvidable.

La noche de antes:

A los habitantes de Buñol les gusta entender que la fiesta comienza la noche de antes. Todavía no hay tomates de por medio, pero ya se empieza a sentir esa pre-resaca que altera ligeramente el sistema nervioso. Para contrarrestarlo, los habitantes de Buñol y los turistas atraídos por la batalla, pasan la noche en el recinto ferial, situado en el paseo de San Luis, donde los “chiringuitos” y las atracciones de feria que allí nos encontramos, hacen que pasemos toda la noche de fiesta, entre amigos y música, riendo y bailando. Los habitantes de Buñol (los más atrevidos), acostumbran a empalmar la fiesta por la noche con la fiesta de la tomatina, que aunque parezca increíble no ha mermado las fuerzas requeridas para una guerra de tal magnitud.

Ya es de día:

A la mañana siguiente comienza la preparación. Es el momento de recuperar fuerzas, es por ello que los asistentes más tempraneros se acercan a la plaza del pueblo, a eso de la 9 de la mañana, a comer los bollos que el ayuntamiento de Buñol reparte a todo aquel que lo desee.

Poco a poco la Plaza se va llenando. Empieza a oler a mañana, un olor que se suma a una extraña sensación de emoción para aquel que ya ha vivido la tomatina y de duda y nerviosismo para aquel que la vive por primera vez. Es como si pudieras oler el tomate antes de tenerlo por todo tu cuerpo. Empiezan a asomarse los primeros vecinos, que deciden participar, llenando cubos de agua y tirándolos sobre los participantes que lo piden o sobre los que simplemente pasaban por allí.

El palo jabón:

Una de las reglas de la fiesta es que hasta que no se coge el jamón, la tomatina no comienza. Y es que, antes de que comience la tomatina se levanta un enorme palo cubierto de jabón con el objetivo de que todo aquel que quiera pueda trepar por él, para conseguir lo que se encuentra en su parte más alta, un jamón. Es un juego de resistencia, coordinación, fuerza y habilidad, que siempre acoge una gran participación, y que concede al coronador de la cima el privilegio de ser aplaudido por todos, y por descontado, un jamón. Pero hasta que algún habilidoso “trepador” llega hasta su objetivo, va llegando mucha más gente, que se precipita por buscar un hueco entre la multitud, que planea como coger los tomates y a quién se los va a tirar, que se asegura de tener algún sitio donde escapar en caso de ser ametrallado, en definitiva anticipándose a la batalla. Para ir entrando en calor la gente comienza con los primeros cánticos que animan a todo el mundo a saltar o a agacharse. Otros desde los balcones tiran cubos de agua, y desde la calle se aprovechan las fuentes para remojarse uno mismo o al compañero. Hay quien aprovecha estos momentos para confeccionarse un modelo adecuado, rasgándose las ropas, aprovechando las mangas de la camiseta para hacerse pulseras o cintas para la frente. Hay quien simplemente va con un bañador, o el que lleva gafas de bucear o quien va disfrazado, todo vale en cuanto a la ropa que se lleva. De repente los participantes escuchan un alboroto acompañado de aplausos, señal que indica que alguien, por fin, a cogido el jamón, y que por lo tanto queda muy poco para que la tomatina comience.

La Batalla:

Ahora es cuando uno realmente toma posiciones. La gente canta nerviosa “tomate, tomate” pidiendo que comience ya. Buñol es ahora un curioso lienzo, hecho de personas con la camiseta rasgada, de casas cubiertas de plásticos, lienzo que sin duda será pinatado de ese color rojo que siempre aparece en las fotos que vemos de la tomatina en las más de 100 páginas web dedicadas a esta fiesta.

Por fin suena la carcasa que anuncia el comienzo, a eso de la 11 de la mañana. Los primerizos se preguntan de donde vendrá el tomate y miran alterados hacia todos los lados buscando el camión que los porta. Los otros muchos que la conocen miran al fondo de la calle a la vez que cantan y saltan, y esperan que asome el retrovisor del primer camión que sin duda es lo que primero se ve. Por fin se deja ver, y al notarse descubierto, suena el estruendo de su bocina, como el sonido propio de un gran cuerno de la edad media anunciando el inicio de la guerra, y va tomando posiciones, abriéndose camino con la ansiada munición. En un momento se detiene y se inclina para permitir que la munición llegue al suelo. Aunque previamente ya caían los primeros tomates procedentes de las manos de aquellos que andaban sobre los lomos del enorme camión. La gente se lanza sobre los tomates y se provisiona lo suficiente para lanzar unos cuantos. Con los ojos cerrados se lanza sobre la multitud los tomates que previamente han sido apretados en nuestras manos. En pocos segundos los participantes están envueltos en una lluvia de tomates que van de un lado a otro y que raras veces tienen objetivos definidos. Así va llegando un camión detrás de otro, hasta que se completa con unos 5. Te das cuenta que todo va cogiendo un color rojo, y que se está formando un río ácido que pocos dudan en bucear. Pasada una hora aproximadamente la batalla termina, anunciada por una carcasa.

La retirada:

Llegó el momento de retirarse. Aunque algunos ya lo habían hecho, quedan otros muchos que han aguantado valientemente hasta el final y que ahora buscan un sitio donde poderse quitar todo el tomate pegado al cuerpo. Para ello se suelen acercar a las mangueras que amablemente ceden los vecinos de Buñol, en un acto similar a la ayuda humanitaria. Otros por el contrario aprovechan las fuentes que encuentran en su camino, o se acercan al charco de “los peñones” con el fin de volver a casa más limpios.

Vuelta a la normalidad:

Llega el momento de volver a la normalidad. Los vecinos retiran los plásticos y con la ayuda de algunos habitantes del pueblo comienza la limpieza a tiro de manguera. En cosa de dos horas todo ha vuelto a la normalidad. Ahora solo queda esperar un año para que de nuevo el pueblo se tiña de rojo, y sin duda Buñol estará preparado como todos los años para acoger a todo aquel valiente que decida vivir una de las fiestas más emocionantes del mundo.

Reglas y consejos

Reglas

n  No entres botellas ni objetos duros; puedes producir accidentes y daños a tus compañeros de batalla

n   No rompas ni lances camisetas

n   Aplasta los tomates antes de lanzarlos; el golpe será menos contundente

n  Mantén una distancia prudencial con los camiones

n   Deja de lanzar tomates cuando oigas el disparo de la segunda carcasa

Consejos

n  Elige zapatillas cerradas que luego puedas desechar; es preferible a las chanchas, que puedes perder en la batalla del tomate

n   Lleva ropa vieja o que no vuelvas a usar más; lo más probable es que acabe para tirar

n  Las gafas de bucear pueden venirte muy bien. El ácido del tomate pica mucho en los ojos, pero limpia la piel que da gusto

n   Si quieres hacer fotos, utiliza una cámara resistente al agua

n  Si no eres de Buñol y tienes que hacer noche, no olvides buscar alojamiento con antelación

n   No te pierdas el palo jabón: un poste untado en jabón y del que cuelga un jamón. El que consigue llegar a él, se lo queda

n  Y, por supuesto, disfruta al máximo

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