martes, 19 de junio de 2012

Monasterio de Leyre - Navarra


Monasterio de Leyre

El Monasterio de San Salvador de Leyre, o simplemente Monasterio de Leyre, es uno de los conjuntos monásticos más importantes de España por su relevancia histórica y arquitectónica. Entre los diferentes edificios que componen el conjunto existen ejemplares del románico muy destacados por pertenecer a un periodo muy temprano del mismo y por su excelente estado de conservación. El monasterio se ubica en el nordeste de la Comunidad Foral de Navarra, cerca del límite con Aragón.


Vista General
El monasterio se alza en terrenos del actual municipio de Yesa, a 52 km de la capital navarra, Pamplona, sobre el ramal del Camino de Santiago que discurre siguiendo el río Aragón, pasando por Jaca, el Camino de Santiago aragonés. El conjunto se encuentra en una balconada natural de la falda sur de la sierra de la sierra de Errando o de Leyre, entre cuyos picos destaca la cima del Arangoiti de 1.356 m de altitud. Dicha balconada se alza sobre el valle del río Aragón, embalsado en este punto en el pantano de Yesa. Desde la ubicación del monasterio se abarca un gran espacio. Al este se encuentran los montes de Jaca con el Canal de Berdún en primer término y, más allá, los montes donde se encuentra el otro gran monasterio vecino, el de San Juan de la Peña. Al oeste se ve una cadena de montañas entre las que emerge la punta de Ujué.
Conjunto monástico

 Dos son los elementos más relevantes del monasterio: por una parte, su privilegiada situación; por otra, las construcciones que lo componen, al ser algunas de ellas los ejemplares de románico más antiguos de Navarra. Así, en su iglesia, en particular en la cabecera y en la cripta, se aprecia un románico primitivo. El estado de conservación de estos edificios es muy bueno, aunque el mobiliario se ha perdido en el transcurso del tiempo.

 En Leyre destaca la calidad de la piedra proveniente de canteras propias que se hallaban en las cercanías del monasterio, en plena Sierra. La piedra es de color dorado con un veteado carminoso debido a la presencia de hierro con incrustaciones de cuarzo.

 Iglesia

 La iglesia de San Salvador de Leyre constituye el elemento arquitectónico principal del monasterio. Mantiene partes de la construcción románica del siglo XI al siglo XII, como la cripta, los ábsides, la torre, la nave principal y el pórtico, conocido como Porta Speciosa, sobre las que se superponen elementos posteriores, como la bóveda gótica, el panteón de los reyes de Pamplona y una pequeña capilla, también gótica, que data de los siglos XIV y XV. Entre la imaginería destacan la imagen de Santa María de Leyre, una talla de un Cristo muerto en la cruz del siglo XIV y el retablo de Santa Nunilo y Santa Alodia, del siglo XVII.

 Cabecera

 Está construida sobre la cripta y fue consagrada, como aquella, en 1057. Se trata de la construcción románica más antigua de Navarra que se conserve en la actualidad, y una de las primeras de España. Sus tres ábsides de planta semicircular y altas naves cubiertas con bóvedas de cañón dan cobijo al altar, al coro con sillería plateresca y a la imagen de la Virgen del Leyre, obra de José López Furió.

 De las tres naves, la central es más ancha que las laterales. El conjunto no guarda simetría al ser aquellas desiguales, siendo la izquierda más estrecha que la derecha. Por otra parte, sus arcos están sensiblemente rebajados tendiendo a la herradura. Los pilares tienen planta en cruz con columnas adosadas, sin basamento, y no son paralelos, sino que convergen en el sentado del ábside central. Los capiteles están decorados de forma muy austera, a base de bulbos, volutas y estrías. Los cimacios se decoran con motivos geométricos con rayas, círculos o puntillados. Sobre el ábside central, descentrado, se abre una pequeña ventana circular.

  Nave

 La nave central es románica y es el resultado de la gran ampliación que se realizó en el siglo XII, en el transcurso de la cual también se construyó la portada. Se proyectó más elevada que la cabecera y se cubrió con un tejado de madera a dos aguas. Las obras se consagraron en 1098. En el siglo XVI se efectuó otra reforma, en la cual se cubrió la nave con una bóveda gótica. Esta bóveda cubre en un solo arco la anchura de la nave, 14 m, y esta estructurada en cuatro tramos. Está decorada mediante medallones heráldicos situados en las claves.

 La construcción de la bóveda conllevó el reforzamiento de los muros exteriores mediante contrafuertes y un arbotante.


Iglesia
 En su muro norte, en un hueco cerrado por una verja de hierro del siglo XIV, se ubica el mausoleo de los reyes del reino de Pamplona. Los restos agrupados de más de quince miembros de la primera dinastía navarra se han recogido en un arcón de madera de roble con herrajes neogóticos. A su lado, un Cristo muerto en la cruz del siglo XVII. En el muro sur se abren dos ventanales con columnas adosadas y capiteles decorados. Por este mismo muro se accede a la capilla, con bóveda gótica del siglo XV, en que se halla un retablo renacentista del siglo XVII dedicado a las santas Alodia y Nunilo. El acceso a esta capilla se realiza a través de una portada románica del siglo XII en la que destaca, en su tímpano, un crestón jacobeo.

 Panteón de los reyes de Pamplona

 En el lado septentrional de la nave, frente a la capilla de las santas Nunilo y Alodia, se encuentra el arcosolio que guarda el panteón de los primeros reyes del reino de Pamplona, precursor del reino de Navarra, cuyos restos se custodian en un arca neogótica de madera, decorada con adornos metálicos.

 El panteón está protegido por una reja de hierro forjado de estilo gótico tardío y junto a él se venera el llamado "Cristo de Leyre" (siglo XVI), una talla de Cristo crucificado (1,80 por 1,60 m) de gran naturalidad. Esta talla apareció cubierta de cal en el túnel de la cripta, donde habría sido escondida probablemente tras la Desamortización.

 En la urna se encuentran los restos de los reyes de Pamplona Íñigo Arista (852), García I Íñiguez (870) y Fortún Garcés "el Tuerto" (905).

 Cripta

 La cripta de Leyre no es una cripta al uso. No llega a ser subterránea ni hay evidencias de que se haya destinado nunca a ser un lugar de enterramiento. Destaca por sus dimensiones y altura, así como por sus grandes capiteles, que se alzan sobre pequeñas columnas.

 Fue construida para nivelar el terreno donde se alzaría la iglesia y servir como cimiento a la misma. Es de forma cuadrada siguiendo la forma de la cabecera del templo, por lo que dispone de tres ábsides circulares y cuatro naves iguales cubiertas por bóvedas de cañón. Una de ellas es más reciente que el resto, al estar en ese lugar la escalera que comunicaba la iglesia con la cripta. Se construyó en piedra caliza con cuarzo y hierro, lo que le ha dado una resistencia que le ha permitido su buen estado de conservación.
La cripta fue concebida con tres naves. Sin embargo, la nave central se dividió finalmente en dos por la arcada axial central, resultando en las cuatro naves que ahora se pueden admirar. Esta modificación influyó en el diseño del ábside central.

 Los grandes capiteles son los que mantienen el peso de la cabecera del templo. Son todos diferentes entre sí, tanto en tamaño como en motivo de decoración. Algunos llevan enormes cimacios y van formando un bosque de pilares de triple codillo y de perpiaños peraltadísimos que refuerzan naves abovedadas. La decoración es muy sencilla, basándose en temas animales y geométricos. La cripta, junto a la iglesia, fue consagrada en 1057.

 La puerta de entrada a la cripta, la más antigua de todo el conjunto monástico, es de un románico naciente, muy sobrio y rudo. Está formada por tres arcos de medios puntos superpuestos y escalonados que apoyan directamente sobre las impostas, cuya única decoración es el bisel que le han dado a las arquivoltas.

 Junto a la cripta está el túnel de San Virila que comunica con la cripta por medio de tres ventanas pequeñas y estrechas, que se abren en la pared oeste de la misma. Este túnel servía como salida del monasterio a los campos de los alrededores. En la actualidad está cegado y en su fondo hay una imagen, del siglo XVII, de San Virila, abad del monasterio durante el siglo X. Este personaje es el protagonista local de una leyenda, extendida por el camino de Santiago, en la cual Dios le hace comprender el misterio de la eternidad.

 Porta Speciosa

 La Porta Speciosa (puerta preciosa) es el pórtico que se construyó durante la primera ampliación de la iglesia original en el siglo XII. En ella hay constancia, por el tema de uno de los capiteles en el que aparecen dos aves con los cuellos entrelazados picándose las patas, de que trabajó el Maestro Esteban, autor de la puerta de las Platerías de la Catedral de Santiago de Compostela. En la construcción de este pórtico se reutilizaron elementos provenientes de otros lugares y trabajaron diferentes maestros de la época, lo que ha hecho muy complicado darle un significado al conjunto. La puerta está protegida por una visera y sobre ella hay un ventanal de transición y un matacán ya de la construcción gótica.

 La Porta Speciosa está formada por tres partes diferenciadas:

 Tímpano


Cripta
  El tímpano circular situado sobre las puertas contiene seis figuras. La central y más importante es el "Salvador", del que toma el nombre el monasterio. A su derecha se representan la Virgen María, San Pedro y otra figura. A la izquierda, San Juan y otras dos figuras que no han sido identificadas y de las que se cree que representan a otros evangelistas. Sostienen el tímpano sendas ménsulas en forma de toro y león. El conjunto se halla rodeado por una corona de palmetas.

 Arquivoltas y columnas

 Las cuatro arquivoltas que se ubican sobre el tímpano están decoradas por representaciones de seres reales y fantásticos con motivos vegetales y animales en una armonía típica del románico. Las columnas, tres de cada lado, están coronadas por capiteles decorados con temática variada. De izquierda a derecha, los capiteles representan leones protegiendo a sus crías, personajes en cuclillas típicos de Jaca, aves con los cuellos entrelazados picándose las patas, o una cabeza aprisionada por tallos y hojas de acanto. La puerta está partida por un parteluz de mármol. En los laterales hay figuras de santos apoyados sobre leones.

 Friso

Por encima de las arquivoltas se encuentra el friso. En él se representan escenas y personajes bíblicos. De izquierda a derecha, en la línea más alta están representados San Miguel, Santiago, el Salvador, San Pedro, San Juan, escenas del martirio de las santas Nunilo y Alodia, un monstruo apocalíptico, el demonio atrapando un alma, la danza de la muerte y Jonás con la ballena. En la línea inferior se representan mediante figuras estilizadas a la Visitación, la Anunciación, un obispo o santo y un ángel trompetero, y a la izquierda otro obispo con báculo y evangelio, otro ángel trompetero y la cabeza de un hombre.

 Ábside y torre

 La torre tiene forma cuadrangular, casi cuadrada, con ventanas de triple arquillo en todos sus costados. Estos arquillos están sostenidos por columnas simples, sin capiteles ni decoración.

 Los ábsides circulares tienen angostos ventanales y un alero que es una cornisa compuesta de bloques biselados sobre modillones decorados con motivos varios, cabezas humanas, animales, lazos, bolas, atributos... Las paredes están limpias sin decoración o elemento alguno. Este tipo de construcción fue común en ese tiempo, primera mitad del siglo IX, en Europa y luego, posteriormente, por la península.

 El ábside y la torre junto a las fachadas de los monasterios nuevo y viejo forman un armonioso conjunto que caracteriza el lugar, siendo uno los rincones más típicos del monasterio.

 Patio de la hospedería

 A lado norte de la iglesia se halla el patio de la hospedería. En este lugar se alzaba el claustro románico del antiguo monasterio. Este claustro desapareció en el espacio de 118 años de abandono al que se vio sometido el conjunto monumental en los siglos XIX y XX; sólo se conserva un capitel hallado en unas excavaciones.

 En este espacio destacan el gran arbotante gótico y la puerta de acceso a la iglesia. La puerta, situada en la pared norte de la cabecera, es románica. Un poco más trabajada que la de la cripta, está formada por tres arcos escalonados, dos de ellos descansan sobre capiteles y columnas.

  Monasterios

 Son dos los edificios que se dedicaron a monasterio en el complejo de Leyre. Uno de ellos, el conocido como monasterio viejo, data del siglo IX, pero del mismo únicamente quedan algunos lienzos de muro y un torreón. El muro norte es original, está realizado en una sillería muy anárquica que le da cierto aire de fortaleza. En él se pueden ver la primitiva y sencilla portada, así como las ventanas asaetadas, algunas terminadas en arco de herradura. En su lado noreste se levanta un torreón de planta cuadrada. Este monasterio tuvo un claustro románico que desapareció en el periodo que las instalaciones estuvieron abandonadas después de la desamortización de Mendizábal entre 1836 y 1954. En esa época se construyó entre los restos del monasterio viejo, respetando el estilo y los materiales, un edificio para albergar la hostelería. Este nuevo edificio, junto con la iglesia, conforma el patio de la hostelería donde se ubicaba el antiguo claustro.
Porta Speciosa

 A mediados del siglo XVI se decide construir un nuevo monasterio al estar el antiguo en muy mal estado. El monasterio viejo quedaba al norte de la iglesia, entre ésta y la sierra; el nuevo se levanta al sur, entre la iglesia y el valle. Es un edifico de 53 m de largo por 43 de fondo, con cuatro plantas, pegado al muro sur de la iglesia, realizado en estilo aragonés. La planta baja y los tres primeros pisos están hechos en sillería con piedra de las canteras de Leyre, el último en ladrillo pálido. Este último piso tiene una serie de arcadas que se van alternando entre ciegas y abiertas. El tejado tiene un gran alero volado tallado por Tomás de Gastelu, vecino de la cercana localidad de Lumbier. Las obras comenzaron en 1562 y finalizaron en 1640.

Historia

La fecha y circunstancias de la fundación del monasterio legerense son desconocidas. La primera referencia de su existencia se debe al presbítero mozárabe cordobés Eulogio, en una carta de 851 dirigida al obispo de Pamplona. En ella, recuerda su estancia en el monasterio tres años antes, en el año 848, en el transcurso de un viaje a tierras germánicas que tuvo que interrumpir forzadamente. Eulogio de Córdoba sería martirizado posteriormente en Córdoba y santificado, siendo conocido como San Eulogio. Redactó una crónica de su viaje y en ella, entre otros monasterios pirenaicos ya desaparecidos en los que se alojó, nombraba a Leyre. En la carta llega a señalar el nombre del entonces abad, un tal Fortún. Estas referencias quedan confirmadas por la obra apologética de Álvaro de Córdoba, amigo de Eulogio, sobre el santo (Vita vel passio Sancti Eulogii), así como con otro texto de Eulogio en el que dice

 Estando yo en Pamplona y viviendo en el monasterio de Leyre, la curiosidad de saber hízome registrar todos los libros allí conservados. De improviso cayeron mis ojos en las páginas de un opúsculo sin nombre de autor, que contenía la siguiente historia acerca del nefando profeta: Nació el heresiarca Mahoma...

 Estas referencias dan a entender que para el año 844 el monasterio tenía cierta relevancia y disponía de una buena biblioteca, lo cual indica que su fundación fue anterior. Otra referencia importante de la existencia del monasterio a mediados del siglo IX es el traslado de los cadáveres de las santas Nunilo y Alodia por orden real a Leyre.


 Se sabe que en la época en la que Eulogio viajó por Navarra, la relación entre los musulmanes y los navarros eran buenas, sin existir grandes obstáculos para desplazarse por el territorio peninsular. Sin embargo, la situación política del reino de Pamplona cambió durante esos años. Tradicionalmente, los reyes pamploneses y los Banu Qasi habían mantenido buenas relaciones (los Banu Qasi eran nobles hispanovisigodos convertidos al Islam que mantuvieron su dominio sobre el valle del Ebro tras la conquista musulmana y que tuvieron una actitud levantisca frente a las autoridades de Córdoba aliadas con los reyes pamploneses, a los que estaban unidos por vínculos familiares).

 Sin embargo, a la muerte de Íñigo Arista, su hijo García Íñiguez se apartó de sus parientes musulmanes, entablando relaciones con los asturianos. Fruto de este cambio de alianzas fue la batalla de Clavijo (858) en la que la alianza de navarros y asturianos, mandados estos últimos por el rey Ordoño I, vencieron a las tropas de los Banu Qasi. No obstante, las acometidas de los reyes navarros contra los Banu Qasi provocaron la intervención del califa cordobés Abd al-Rahman III. Las campañas califales llegaron a Leyre en el 920 cuando los cristianos fueron derrotados por el califa en Liédena y la Foz de Lumbier. Pamplona fue saqueada y su catedral destruida. La entrada de los musulmanes en Navarra ya había obligado al obispado y al clero de Pamplona a establecerse en Leyre, donde mantuvieron la sede episcopal hasta el año 1023. También el poder político buscó refugio en el monasterio. El hecho de que el obispo de Pamplona residiese en el monasterio hizo que las dignidades episcopal y abacial recayeran en la misma persona. El rey Fortún Garcés, último de los Arista, que había vivido en Córdoba y era abuelo de Abd al-Rahman III, se retiró al monasterio tomando los hábitos en la primera mitad del siglo X  junto a su caballerizo Aznar.

 En los siglos IX y X Leyre era uno de los monasterios más importantes de la cristiandad peninsular, protegido por la monarquía del reino donde se asienta y con influencia sobre un gran territorio. Como ejemplo del apoyo brindado por los reyes navarros al monasterio de Leyre se pueden señalar las siguientes donaciones documentadas: el 15 de agosto de 991 el rey Sancho Garcés II donaba al monasterio las posesiones que su hermano Ramiro tenía en Apardués; ya habían donado el 15 de febrero las que tenía en Navardún; el 18 de noviembre de 1050 era García de Nájera el que dona bienes a Leyre y el 28 de enero de 1085 el rey Sancho Ramírez incorporaba a Leyre las propiedades y los monasterios de Igal, Urdaspal y Roncal, así como otros bienes. El traslado de las Santas Mártires al monasterio tenía la finalidad de elevar la importancia del monasterio mediante el culto y la devoción a las reliquias que se profesaba en esa época, en especial en torno a la Ruta Jacobea.

 Después del respiro a mediados del siglo X, la situación volvió a agravarse a finales del siglo. La iglesia anterior a la existente, cuyos cimientos han sido excavados, fue destruida en los ataques que realizaron Almanzor y Abd al-Maliq. En su lugar se construyó una iglesia nueva de la que se conserva la cripta y la cabecera.

  La consagración de la iglesia del siglo XI


Abside y torre
 A finales del siglo X, durante el reinado de Sancho III el Mayor, comenzaron los trabajos de construcción de una nueva iglesia para ocupar el sitio de la destruida por los musulmanes. En el año 1057 se consagraba la obra terminada. Se cree que el rey Sancho el Mayor fue educado en el monasterio, ya que hay un documento en el que se denomina al abad domino et magistro meo, lo cual explicaría la alta estima que este rey tenía por Leyre.

 La iglesia del siglo XI es algo más pequeña que la actual. Se conserva de ella la cripta y la cabecera, puesto que las naves fueron demolidas para la ampliación del siglo XII.

 El 24 de octubre de 1098 se ejecutó otra consagración del templo con gran pompa y boato según los documentos conservados. Para este tiempo ya empezaba a cambiar la situación de Leyre en el panorama eclesiástico navarro.

 Bajo el reino de Aragón

 La muerte de Sancho Garcés IV de Navarra, el de Peñalén, en 1076, fue muy sentida en los monasterios de Leyre e Irache, pues había sido un gran beneficiario de los mismos (antes de Sancho el de Peñalén el monasterio de Leyre contaba con un gran número de iglesias y monasterios agregados, 19 de donación real, con Sancho el de Peñalén se incorporaron a su patrimonio 36 más, cuatro de donación real. Tras su muerte, ante la imposibilidad de ser enterrado en el monasterio de Santa María la Real de Nájera que entonces era el panteón real, es probable que recibiera sepultura en Leyre. Sus hermanos Alfonso VI de Castilla y Sancho Ramírez de Aragón entran en guerra para adueñarse del reino navarro. Es el aragonés quien consigue el objetivo y Navarra, entonces todavía reino de Pamplona-Nájera, queda unida a Aragón hasta 1134. En este periodo entra en rivalidad con el vecino y aragonés monasterio de San Juan de la Peña, en donde los reyes de Aragón habían establecido su panteón real, y se abre el pleito sobre de qué obispado depende el monasterio.

 Este pleito duraría cerca de cien años. El 4 de mayo de 1100 el papa Pascual II se pronuncia sometiendo a Pamplona todas las iglesias de la diócesis, nombrando expresamente a Irache y Leyre. A esta decisión del Vaticano le seguiría un periodo de treinta años de pleito abierto en el que Leyre llegó a perder su presunta exención canónica, que era la razón básica de su existencia.

 El pleito hunde al monasterio en una profunda crisis con la que entra en el siglo XIII. Siendo abad Domingo de Mendavia, se empieza a estudiar el cambio de comunidad. Cuando el reino de Navarra cambia de casa monárquica con Teobaldo I, de la casa francesa de Champaña, con influencia de los monjes cistercienses, que van supliendo la decadencia de los Benedictinos del Cluny, al que Leyre había estado sumado junto con otros monasterios del Pirineo, se concreta el cambio de regencia. El abad Fray Domingo de Mendavia denuncia el estado de indisciplina en que se halla su congregación y llega a Roma para pedir al papa el cambio de regencia. Hay documentación que avala que el abad había asegurado al rey Teobaldo el pago de mil maravedís de oro si los cistercienses entraban a regir el monasterio. En 1239 se pronuncia el paso de la regencia del monasterio de Leyre de la Orden benedictina a la Orden del Císter. La sentencia no fue acatada por los benedictinos, que durante 70 años mantuvieron una serie de luchas contra los del Císter por la posesión de Leyre, luchas entre monjes blancos y monjes negros.

  El Císter

 Aunque la importancia del monasterio se había resentido mucho, es bajo la orden del Císter cuando éste pasa a ser menos notorio. En 1269 el Capítulo General del Císter decreta que Leyre sea una filial del monasterio de la Oliva, situado al sur del reino, bajo el mando del mismo abad. Esta situación no se dilató mucho, pronto Leyre recuperaría sus abades propios.

 Bajo la orden del Císter se emprenden las reformas de la iglesia. En ella se sustituye el tejado de madera a dos aguas por una bóveda gótica, que se puede ver en la actualidad. Para realizar esa obra hubo que dotar de contrafuertes a los muros de la nave y construir un arbotante al tener que elevar su altura.

 En 1569 habitaban en Leyre diez frailes y algunos seglares y el monasterio tenía una renta anual de 3.000 ducados. Destaca en este tiempo la pobreza intelectual, tal es así que en un informe se señala

 “No se ha entendido hasta agora que en estos monasterios haya habido monjes letrados, ni que se haya ejercitado en letras alguno de ellos.

 Las Cortes Navarras llegan a pedir en 1583 que se mande a estudiar a los monjes a alguna universidad. El 18 de abril de 1610 se dicta la incorporación de todos los monasterios navarros a la Congregación Cisterciense de la Corona de Aragón en aras a la corrección del problema de la escasa formación de sus miembros.

 En 1562 se inician las obras de construcción del monasterio nuevo, que acabarían en 1640. Esta nueva construcción vino a sustituir al viejo monasterio que se encontraba en muy mal estado. La nueva ubicación, entre la iglesia y el valle, lo hace mucho más cómodo.

 La medida de incorporar a los monasterios navarros a la Congregación aragonesa dio resultados positivos. Leyre podía enviar anualmente a tres monjes a los Colegios de Estudios Superiores de la Congregación. La vida espiritual volvió a surgir y nuevamente el monasterio de Leyre recuperó parte de su esplendor de otro tiempo. Cinco abades de Leyre fueron Vicarios Generales de la Congregación. La biblioteca resurgió y en ella se sabe que se guardaban libros, como el Libro de la Regla y el obituario, los breviarios monásticos y una importante Crónica latina de San Salvador de Leyre; algunos de ellos aún se conservan en el Archivo de Navarra.
Panoramica desde el pantano de Yesa

El siglo XIX fue un periodo histórico desastroso para las órdenes religiosas y la iglesia. El monasterio de Leyre fue abandonado en tres ocasiones por sus ocupantes. En las de 1809 y 1820 los monjes pudieron regresar, pero en la de 1836, debida a la desamortización de Mendizábal, el conjunto monástico fue abandonado hasta mediados del siglo XX.

 En 1820 se incautan los archivos y la biblioteca. Las reliquias de los santos del monasterio se dispersan, las de san Virila se depositan en Tiermas y las de las Santas Nunilo y Alodia en Sangüesa.

 La desamortización de Mendizábal hace que el 16 de febrero de 1836 se cierre el monasterio. Contaba entonces el Leyre con una comunidad compuesta por once sacerdotes, dos estudiantes y cinco seglares. El conjunto monástico fue puesto a la venta pero nadie llego a adquirirlo. Se utilizaba como sitio de refugio de los pastores, y el abandono y saqueo llevó a la ruina total del mismo. Hasta los huesos de los reyes navarros fueron arrojados por tierra al ser profanado el panteón real.

 En 1844 la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid crea las Comisiones de Monumentos históricos y artísticos, y en 1845 se empieza a actuar para salvar parte del patrimonio monumental de Leyre y en especial el panteón real. El 17 de mayo de 1863, después de tener noticias de que las tumbas de los reyes navarros habían sido profanadas, se trasladan los restos reales a la iglesia de Yesa.

 En 1867 la iglesia de Leyre es declarada Monumento Nacional y en 1875 se reabre la iglesia de Leyre al culto. El monasterio permanece cerrado. Se trasladan los restos de los reyes a su lugar, donde permanecerían hasta que en 1888 se comienzan las obras de mejora del templo.

 El 8 de mayo de 1915, finalizadas las obras, se trasladan los restos de los primeros reyes de Navarra a la iglesia de Leyre.

Panteón de los reyes de Navarra

 La figura del monasterio de San Salvador de Leyre como panteón real de los reyes del reino de Pamplona, a la sazón reino de Navarra, ha sido discutida en ocasiones. Antes de publicarse la obra de José Goñi Gaztambide Los Obispos de Pamplona se daba por sentado el hecho de que los primeros reyes navarros y sus familiares fueron enterrados en Leyre. Esta hipótesis se asentaba en el hecho de que, durante el periodo de dominación musulmana da la península Ibérica, las autoridades civiles y religiosas pamplonesas se refugiaron en Leyre desde el 860 hasta 1023, y en las notas de San Eulogio de Córdoba que dijo

 Leyre fue durante bastante tiempo monasterio y sede episcopal, palacio real y panteón regio.

 En el siglo IX, de Pamplona hacia oriente hay varias familias cristianas relevantes que llegan a estar enfrentadas entre ellas y en ocasiones pagan tributos a los dominantes musulmanes con sede en Zaragoza. No hay todavía un poder unificado y definido, lo cual impide la existencia, en ese tiempo, de lo que se entendería como panteón real. La primera noticia documentada de un obispo en Pamplona es del año 829. En ese tiempo los monasterios tenían una dependencia muy directa de las familias poderosas. La relación de Leyre con los regentes en Pamplona era fuerte, como evidencian las donaciones que éstos hicieron al mismo durante el transcurso de la historia, llegando incluso a ser monje del mismo el rey Fortún Garcés en el siglo X.

 La importancia de San Salvador de Leyre dentro del reino de Pamplona y la relación que sus reyes tenían con el mismo permite sostener que su lugar de enterramiento fuera Leyre. Lo que no se sabe es la ubicación y tipología de las tumbas. No hay evidencia alguna de que la cripta fuera utilizada como lugar de enterramiento, y se estima, en similitud del reino de Asturias de aquel tiempo, que los enterramientos podrían haberse hecho en el pórtico de la iglesia.

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